Desigualdad Digital: la otra pandemia | Innovación


La noticia no la han recogido los grandes medios del país pese a que está consignada en un informe del DANE: la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH). El 49,1% de los niños y jóvenes de instituciones educativas oficiales para agosto ya habían desertado. El dato no me sorprende. Ya lo había anticipado. Me atreví a decir aquí que este año va a ser el de mayor deserción escolar en la historia del país y se cumplió anticipadamente. Desafortunadamente. Desgraciadamente.

Debo reconocer, con humildad, que el dato lo encontré en el Time Line (TL) de la cuenta en Twitter de Alejandro Gaviria, el rector de la Universidad de los Andes, quien tuitió una nota de El Colombiano de Medellín, realizada por la agencia Colprensa (https://bit.ly/31IsyES) y mencionan el análisis hecho por el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana a la GEIH. Espero que cuando salga esta columna, otros medios y otras plumas hayan hablado de esa catástrofe social.
El dato desagregado es más preocupante. Dice que el 77% de los niños y jóvenes de estrato bajo-bajo desertaron. ¡QUE HORROR!

Esta columna quería dedicarla, exclusivamente, a hablar de un libro que acaba de salir del horno y cuya autora, Johanna Farid Bernal, tuvo a bien compartir una copia con este servidor. El título habla por si solo del por qué de mi interés: “Tecnologías para un aprendizaje activo. Recursos digitales para innovar en el aula”. Es, precisamente, lo que necesita el país. Más herramientas e instrumentos para que los docentes puedan ejercer el oficio en esta digitalización obligada por el Covid-19.

En el paper “Hechos y recomendaciones para enfrentar los efectos negativos del Covid-19 en la educación colombiana” del LEE, dice en la introducción: “En momentos en que, aproximadamente, diez millones de estudiantes colombianos están en casa, los padres intentan ser docentes, los docentes ensayan nuevas herramientas y la tecnología se pone a prueba, se hace notorio el cambio urgente que debe dar la educación en Colombia. En este sentido, la transformación de las prácticas de enseñanza de los colegios oficiales se consolida como el mayor reto” Ese documento fue publicado el 16 de abril, cuando apenas comenzaba el encierro.

La Magister Bernal Rodríguez tiene una exitosa carrera como docente universitaria usando y aplicando lo mejor de las herramientas digitales para la educación y es así como ha escrito el libro mencionado y el que le precedió “Gestionando el Cambio Global: Uso de las Tecnologías de Información y Comunicación como recurso educativo”. Cuando hablé con ella para empaparme para esta columna, acerca de su trayectoria académica y sus experiencias, coincidimos en algo que vengo diciendo hace rato. Es impresionante los niveles de analfabetismo digital que hay en los docentes del país. En todos los niveles; no es solo los del magisterio oficial, también profesores universitarios. Por eso escribió el primer libro mencionado que es, básicamente, una guía metodológica de uso de herramientas digitales para el aula. Algo SUPER IMPORTANTE y NECESARIO en estos días de pandemia y sabiendo que esto se demora por lo menos un par de años más, hasta poder volver a la normalidad que conocíamos.

El gobierno no puede relamerse con el dato de la OCDE que dizque somos líderes en gobierno digital. En este mismo mes de octubre salió a la luz pública un informe del Instituto Internacional para el Desarrollo de la Gerencia (IMD, por sus siglas en inglés) que nos rajó en Competitividad Digital. No podemos echarnos tantas mentiras juntas. Salir a decir que la pandemia logró que 1.400.000 colombianos se bancarizaron es inflar cifras para beneficiar no sé a quién. Los colombianos pobres, salieron a abrir una cuenta en DaviPlata o en Nequi, en muchos casos, porque el Estado los obligó para recibir los subsidios. ¡¿Eso es bancarizarse?!

La verdad, monda y lironda, es que la pandemia está desnudando nuestras falencias y nuestros atrasos que se están agudizando por la pandemia. Cecilia López advierte, aquí en Portafolio, que tenemos es una inmensa crisis social cuando sabemos que casi el 50% de los colombianos estaban o están cayendo en la pobreza.

Por eso desertaron los niños y jóvenes. Porque no había conectividad, no había dispositivos y si los había, tenían que decidir entre comer o recargar el dispositivo. Además, ya que no pueden ir al colegio, los padres, pobres e informales, los necesitan en el “chuzo” ayudando a conseguir la papa para la casa.

Como dijo Ricardo Ávila “El futuro se adelantó”. La pandemia nos obligó a avanzar, forzosamente, hacia unos escenarios de digitalización que teníamos previstos en muchos sectores pero que iban caminando ahí, pasito a pasito.

Necesitamos mejorar nuestra infraestructura de conectividad. Necesitamos mejorar las habilidades y competencias digitales de los docentes (ministra María Victoria Angulo, mire el libro de Johanna) y necesitamos que el Estado no siga pisándose la manguera con sus entidades. Entiendo que Víctor Muñoz tiene una muy buena visión e intención, pero hay que unir esfuerzos y no duplicar energías. Es hora de un revolcón en las políticas públicas para las TIC y las Telecomunicaciones que permita ver lo que la pandemia mostró y no seguir como el emperador desnudo del cuento.

Si no damos un salto cuantitativo y cualitativo en el uso y apropiación de las TIC, la desigualdad y la pobreza serán mayores en 10 años.

Nicola Stornelli García
Analista de Tendencias Digitales

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