Davos y el desafío de renovar el capitalismo



Davos es la primera reunión internacional del año y se celebra esta semana (21-24 de enero), en Suiza. Este encuentro del Foro Económico Mundial, que este 2020 cumple 50 años, ofrece una suerte de radiografía de los problemas y retos actuales, y se le atribuye un poder de influencia sobre las principales autoridades estatales y los ejecutivos que dirigen las compañías más importantes del mundo.

La edición de este año tiene, entre otras, una particularidad porque el promotor de estas reuniones, que comenzaron en 1971 y en las cuales solo participaban representantes de empresas europeas y académicos estadounidenses, lanzó un manifiesto en diciembre del 2019, en el que plantea una declaración con nuevos principios éticos para las empresas.

“Las empresas deberían pagar un porcentaje justo de impuestos, mostrar tolerancia cero frente a la corrupción, respetar los derechos humanos en sus cadenas globales de suministro y defender la competencia en igualdad de condiciones”, exclamó Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del foro.

El denominado ‘Manifiesto de Davos 2020’ plantea en esencia tres principios. Uno, que el propósito de las empresas debiera ser colaborar con todos los grupos de interés implicados en su desenvolvimiento (‘stakeholders’). Las empresas no funcionan solo para sus accionistas, sino para todas las partes involucradas: empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y la sociedad en general.

El segundo propósito se refiere a que una empresa es más que una unidad económica generadora de riqueza, ya que esta atiende a las aspiraciones humanas y sociales en el marco del sistema social en su conjunto. Y los salarios del personal ejecutivo deben reflejar la responsabilidad ante todas las partes involucradas. Y el tercer objetivo señala que una multinacional es, en sí misma, un grupo de interés -tal como los gobiernos y la sociedad civil-, al servicio del futuro global.

La propuesta de Schwab, un economista alemán nacido en Ravensburg en 1938, plantea pasar de un ‘capitalismo de los accionistas’ -cuyo objetivo es maximizar las ganancias de los accionistas- a un ‘capitalismo de los stakeholders’ -en donde existan mayores beneficios para los grupos de interés.

Entre los argumentos del por qué se quiere implementar este manifiesto a partir de este año, consta el hecho de que en el 2019 se multiplicaron las protestas en el mundo (con más énfasis en Sudamérica), frente al descontento social, en el que las empresas y las multinacionales también tendrían con los gobiernos, una corresponsabilidad en los indicadores de desigualdad e inequidad social. Así lo expresaron miles de manifestantes en las calles.

La frustración causada por los salarios estancados, las elevadas retribuciones y utilidades de los directivos, los despidos masivos, la irrupción de la tecnología en la pérdida de empleo, la incertidumbre frente al futuro, la destrucción ambiental, están avivando el resentimiento de la población y eso se sintió en las protestas.

“Creo que lo que estamos viendo es una reacción al neoliberalismo extremo y la maximización de beneficios. Está, además, el factor de las redes sociales que permiten la movilización de quienes se sienten lastrados por la injusticia social. La conciencia social ha cambiado de una forma tremenda”, señaló Schwab.

Los manifestantes, más allá de los saqueos que se produjeron en países como Chile, acusan a líderes de izquierda, de derecha, de centro, del sector público y privado, de no haber construido una sociedad con mayor justicia social, más allá del éxito de las cifras macroeconómicas.

“Desde que publicamos el primer manifiesto, en 1973, yo he abogado por la responsabilidad social de las empresas. En contra de lo que defendía el premio Nobel Milton Friedman -‘el único negocio de las empresas es hacer negocios’-, hoy hay nuevas exigencias y con este manifiesto busco establecer el papel de las empresas ante la cuarta revolución industrial en la que vivimos”, dijo Schwab, en entrevista publicada por diario El País, de España(18de diciembre/2019).

¿Es una iniciativa nueva la que plantea el creador del Foro? Algunos economistas creen que no; y hay otros, como Joseph Stiglitz, que creen que hasta puede ser una estrategia publicitaria para mostrar el lado bueno de las empresas.

No obstante, esas ‘buenas empresas’ ya existen y son las Empresas B (Benefit Corporations). Se trata de una iniciativa denominada Sistema B, desarrollada por la organización sin fines de lucro B Lab. Esta consiste en otorgar una certificación con base en el bienestar que generan las firmas a favor de sus grupos de interés (empleados, proveedores, clientes, comunidades y ambiente).

De acuerdo con la incubadora de emprendimientos Impaq­to, existen más de 1 700 Empresas B, en unos 50 países.

En Davos 2020 se espera la presencia de 3 000 personas, entre jefes de Estado, líderes mundiales y CEO de las empresas más grandes. Y en ellos es en quienes Schwab quiere inculcar estos nuevos principios. “Hay nuevas exigencias y con este manifiesto busco establecer el papel de las empresas, ante la cuarta revolución industrial en la que vivimos”.

Si bien la edición de este año tiene un componente adicional, por la presencia de la activista Greta Thunberg y su llamamiento a los líderes mundiales -para que afronten con seriedad la crisis climática-, en las conclusiones se aspira al menos a lograr un mayor compromiso de las empresas, en este nuevo momento mundial.

Mientras Schwab espera que este reto se cumpla hay otros actores que miran a la convocatoria del papa Francisco (26-28 de marzo), para lograr un pacto entre emprendedores, académicos y expertos en ciencias económicas de todo el mundo, “para cambiar la economía actual y dar alma a la economía del mañana; con respeto al medioambiente, alcanzar la equidad social y reducir la desigualdad”.

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