Miller revitaliza a circe y su poder



Los relatos homéricos la describen como una mujer un tanto emocional, cuyo juicio se construye por la venganza, el resentimiento y hasta la ira que pueda tener en un determinado momento hacia un hombre. En estos textos, Circe es el arquetipo de la ahora llamada ‘feminazi’, aquella que arremete con toda su fuerza en contra de quienes le hacen daño.

En la narrativa de la escritora estadounidense Madeline Miller, toda esta visión sesgada y hasta machista de una diosa menor es desechada página por página. En ‘Circe’, el lector se encuentra frente a una deidad mitológica que, desde el inicio de su existencia, es catalogada como de una belleza inferior frente a sus hermanos. Por ejemplo, al momento de hablar sobre sus primeros llantos, ella cuenta que su agudo sonido, como el de un halcón, junto con sus ojos amarillos, le dieron su nombre. Este tipo de historias, unas más desdichadas que otras, se irán sumando a una historia personal y perfilarán su carácter de una manera única.

En medio de lo que podría parecer un destino fatal y hasta miserable para una diosa, la historia que construye Miller da un giro y logra escapar de esa imagen trágica que construyó Homero y que permaneció viva durante siglos.

La Circe de Miller se mueve entre la necesidad de un crecimiento personal y los conflictos humano-divinos que vive diariamente. Y uno de los detonantes de esta visión personal es, para su suerte, ese rechazo por parte de otras deidades. Eso le hará mirar más allá del Olimpo y bajar su mirada hacia lo terrenal.

Este proceso de mirar otra realidad que no es común para los de su especie la lleva a descubrir su verdadero poder. No es una deidad a quien la gracia divina le viene por añadidura. Es un personaje que construye su propio destino conforme va descubriendo el poder de la hechicería, las hierbas y la medicina en general. De esta manera, Miller saca a Circe del arquetipo de mujer vengativa, que solo está interesada en transformar a los hombres en cerdos y otros animales, y la dota de una necesidad vital de descubrirse a sí misma en el mundo. Es, a muchas luces, una novela en la cual el feminismo se plantea abiertamente no como una lucha en contra de los otros, sino como ese impulso que en la mujer despierta la conciencia sobre su propia historia y necesidades.

Al respecto, la autora, en una entrevista con el diario español El País, comenta: “Mi Circe es un proyecto feminista. En Homero es un personaje sin relieve. Hace cosas asombrosas, pero desconocemos sus motivos. Convierte a los hombres en cerdos, pero no se nos explica por qué. Se da por hecho que, como es mujer, actúa de manera irracional. La tradición literaria nos la presenta como un ser maligno que odia a los hombres, y se da por hecho que los convierte en cerdos como castigo; pero en la tradición grecorromana el cerdo tiene otro valor simbólico: guarda relación con los sacrificios a la diosa, de modo que las motivaciones de Circe son mucho más profundas, solo que nunca se nos explican”.

Esa es, precisamente, la riqueza de esta Circe. En la novela, nada está por sentado ni sobreentendido. Miller construye, casi párrafo a párrafo, la personalidad de la diosa de una manera minuciosa, bien pensada, llevándola a un ámbito terrenal.

Esta construcción del personaje, quien narra en primera persona toda su historia en 428 páginas (otorgándole una voz propia que por mucho tiempo hizo falta), establece una conexión íntima con el lector. Al mismo tiempo, revitaliza esa tradición de volver a la mitología griega, no como un escape hacia un mundo fantástico sino como algo necesario para comprender, mediante alegorías, cómo es la naturaleza humana cuando se enfrenta a los limitantes de su condición.

Un elemento en común a lo largo de esta historia es su rebeldía, no solo en contra de los dioses, sus temperamento y acciones. Es, también, una rebeldía en contra de lo establecido, de lo que se asume como natural, de aquello que es costumbre. Si al inicio de su vida sentía que era imperativo recibir el afecto y cariño de los demás, una eternidad más tarde aprenderá a encontrar consuelo en sus instantes de soledad. Si los errores se asumían como fracasos, ella luego los convierte en lecciones. En una parte de la historia dirá, al ser descrita como una mujer sabia, que aquella sapiencia es solo porque ya ha hecho “estupideces para llenar cien vidas”.

Uno de los principales retos a los que se enfrenta como diosa es su inmortalidad. Mientras que la capacidad de aprendizaje de los humanos está limitada por los años que puedan vivir, ella debe descubrir que su condición es una bendición y un castigo por igual. Es ahí cuando toma conciencia de que, en su camino, deberá sacar las fuerzas de ella misma, y de ninguna otra persona más, para enfrentarse al mundo.

Gracias a estas características, la novela de Miller convierte a Circe en uno de los personajes más intensos de la mitología griega. Aquí, la falta de otros registros sobre la ninfa es el mayor privilegio creativo que tiene la escritora. De esta manera logra hilar detalles sobre su personalidad que escapan de la pequeña mención que de ella se realiza en la obra de Homero. Curiosamente, y tratando de establecer un paralelismo con los chamanes amazónicos, es su necesidad de saber los usos de las plantas que la rodean lo que la convierte en una diosa poderosa y temida por los demás.

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