Los hijos del fundador Sebastián de Benalcázar



La fundación de San Francisco de Quito, efectuada por Sebastián de Benalcázar el 6 de diciembre de 1534, constituye una fecha de singular trascendencia no solo para la actual capital de los ecuatorianos sino para la historia de la Conquista española en la región septentrional de la América del Sur, ya que luego fundó ciudades importantes como Pasto, Popayán y Cali, en la actual Colombia.

El acontecimiento se produjo “cuarenta y dos años después del descubrimiento de América, el día en que se cumplía un año cabal de la muerte de Atahualpa: reinaban en España Carlos V y su madre Doña Juana la loca: gobernaba la Iglesia el papa Clemente VII y había principiado ya en Inglaterra Enrique VIII la persecución contra los católicos” (González Suárez, Historia del Ecuador, Tomo I, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1969, p. 1060)

Antes de que esto ocurriera, se fundó Santiago de Quito por parte de Diego de Almagro que había sido enviado por Francisco Pizarro, gobernador del Perú, para tomar posesión de estas tierras, afán que también traía Pedro de Alvarado, gobernador de Guatemala. En esta circunstancia, Almagro se apresuró a fundar Santiago de Quito el 15 de agosto de 1534, en las cercanías de la actual Riobamba. Almagro nombró autoridades, entre ellos a Sebastián de Benalcázar, designándolo teniente de Gobernador.

Cuando llegó Alvarado, las tropas de los dos conquistadores estuvieron a punto de un choque armado, pero luego de un arreglo amistoso ocurrido el 28 de agosto de 1534, Almagro dispuso que la reciente fundación debía trasladarse a la “ciudad conocida con el nombre de Quito, por ser ese sitio mejor y más cómodo para edificar ciudad de españoles (…) Ese mismo día se celebró el acta de la fundación de la nueva ciudad, a la cual se le puso el nombre de San Francisco, no porque hayan entrado los conquistadores el día 4 de octubre, sino por honrar la memoria de Pizarro, con cuya autoridad y poderes, se hacía la nueva fundación (…) por tanto su verdadero fundador fue el mariscal don Diego de Almagro (…) hizo el mismo día el nombramiento de los alcaldes y regidores, les tomó juramento de hacer bien con sus cargos y eligió a Sebastián de Benalcázar, teniente Gobernador de estas provincias; cargo que hasta entonces había estado ejerciendo el mismo Mariscal en nombre y con poderes de don Francisco Pizarro” (Ibid. González Suárez, p.1059)

Almagro dispuso que Benalcázar se trasladara a Quito y diera cumplimiento al acta de fundación. El teniente Gobernador llegó a Quito la tarde del 5 de diciembre, durmió en Turubamba y entró al poblado el día 6, luego de lo cual reunió al Cabildo y lo declaró instalado, fin de que los miembros de aquella corporación “principiaran a desempeñar sus oficios” (Op. cit).

Posteriormente, Sebastián de Benalcázar se trasladó al norte de Quito y luego se dirigió a la actual Colombia para fundar las ciudades de Pasto, Popayán y Cali.

Sobre nuestro personaje, González Suárez dice: “Fue Benalcázar generoso con los amigos, liberal con todos, modesto y pasible, de levantados pensamientos, valiente y esforzado en los combates, tan brioso a pie como ligero a caballo, ajeno a la flaqueza y algunas veces taciturno y severo. Los soldados gustaban de militar bajo sus órdenes porque en su trato era afable y en repartir los despojos, nada codicioso. De estatura algo pequeña, grueso de carnes, con cierta gallardía varonil y continente marcial, en su persona había algo de la delicadeza del caballero y no poco de la aspereza del conquistador” (Roberto Páez, Colección de documentos inéditos relativos al Adelantado Capitán Don Sebastián de Benalcázar, Quito, Publicaciones del Archivo Municipal de Quito, 1936 (prólogo) p. XIII (sic).

“Tenemos certeza de que Benalcázar tuvo tres hijos en Nicaragua en 1524 cuando desempeñó la función de primer Alcalde de la ciudad de Santiago de los Caballeros de León, fundada por Francisco Hernández de Córdoba. Estos fueron Francisco, Catalina y María, quienes actuaron de forma activa en la vida política y convulsionada de comienzos de la Colonia. En 1531 Benalcázar decide abandonar Nicaragua con el propósito de servir a Pizarro que se había propuesto conquistar el imperio de los Incas. Viajaron con él desde Nicaragua varios esforzados soldados, que incluso llegaron a ser de los primeros pobladores y fundadores de Quito, quienes decidieron acompañarle en razón de su gran prestigio como caballero y conquistador, por lo que mereció siempre el respeto de Pizarro, Almagro y otros caudillos militares.(…) Entre los que vinieron con Benalcázar de Nicaragua podemos citar Juan de Ampudia, Diego de Tapia, Diego Martín de Utreras, Rodrigo Núñez, para citar algunos de los treinta y cuatro soldados, cuyos nombres son
totalmente desconocidos en la historia quiteña”.

“Años más tarde, cuando fundó Cali en 1549, Benalcázar se dirige al monarca español pidiéndole mercedes y enumerando los muchos servicios que como fiel vasallo había prestado a la Conquista. “Yo tengo en esta tierra un hijo que dice don Francisco de Benalcázar, legitimado por merced (…) es de edad de veintitrés o veinticuatro años; hallóse en el descubrimiento de esta tierra, ha servido a Vuestra Majestad en las alteraciones de los Reinos del Perú, hallóse con vuestro Visorrey Blasco Núñez de Vela) desde el principio de ellas, acompañóle y sirvióle en todos los alances que le fueron dados los tiranos (…) en la jornada de Quito (Iñaquito) fue preso, robado, herido y maltratado…” (BAEP, folleto, Edición acéfala s/a, p.4)

Sobre la descendencia en Quito, González Suárez señala que mientras el fundador estuvo aquí, tuvo dos hijos naturales, habidos en una india, ambos varones, llamados Miguel y Francisco, respectivamente. Francisco se casó y murió en edad temprana, dejando un niño el cual tomó el apellido de su madre y era conocido con el nombre de Alonso de Herrera. Miguel fue condenado a morir en la horca por expresarse con demasiada libertad contra el gobierno monárquico.

Otro historiador, Benjamín Chamorro, de Pasto, asegura que “fueron tres hijos más los que Benalcázar tuvo en Quito, a más de los que señala González Suárez, en su Historia del Ecuador. Estos vástagos los tuvo con una india de Otavalo, hija de un cacique del lugar de apellido Cachipuendo, pero ellos se firmaban Benalcázar” (Benjamín Chamorro, Sebastián de Belalcázar, Pasto, Imprenta del Departamento, 1921, p. 35)

Sebastián de Benalcázar murió en Cartagena el 30 de abril de 1551, a la edad de 60 años. No se había casado nunca. Uno de sus albaceas, Fernando Andigno, declaró que conforme testamento, el Adelantado tuvo los siguientes hijos: “Sebastián, Francisco, Lázaro, Magdalena, a más de otros que eran propios de Popayán, Cali y Pasto, así como de los habidos en Nicaragua. Todos ellos, luego de petición al Rey y respaldada por autoridades y testigos, gozaban de todos los derechos civiles de legítimos concedidos al padre como premio a su lealtad y servicios a la Corona española” (Ibid, Anónimo, p. 10)

*Autor de varios libros sobre historia ecuatoriana. Miembro de la Academia Nacional de Historia.

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